logística, mantenimiento forestal, operación de instalaciones y servi- cios. “Es la energía renovable que más empleo genera en proporción, puede ser un motor de cohesión territorial, desarrollo y oportunida- des sobre todo para los sectores forestal y agrícola”, añade Lumbreras. Las centrales necesitan ubicarse cerca del recurso, “un mercado que les garantice el suministro desde su entorno cercano. Así crean y fijan empleo de calidad, son herramientas para las políticas de desarro- llo rural al inyectar riqueza en zonas con despoblamiento”. La recién construida planta de Logrosán (Cáceres) generó 400 empleos directos durante su construcción, su operación contará con unos 30 profesio- nales en plantilla y dará trabajo a unos 900 entre pymes y autónomos, 200 de ellos dedicados a la gestión forestal todo el año. gestión del impacto social Que una planta de biomasa revitalice así las poblaciones explica “la excelente acogida a los proyectos”, que ayudan a mantener usos tra- dicionales como la agricultura y el aprovechamiento de los montes. Esa buena acogida también responde a la gestión del impacto social que aplica la compañía. “Defendemos una transición energética justa y sostenible, basada en el diálogo, el consenso y la contribución al desa- rrollo local”, detalla Lumbreras. “Lo primero es escuchar a agricultores, ganaderos, ayuntamientos, asociaciones y grupos ecologistas, para comprender sus necesidades urgentes y con qué medidas consen- suadas podemos ayudar a paliarlas, cómo cooperar para un beneficio recíproco”. En el ejemplo anterior, ese diálogo se concreta en proyectos como Energía limpia LA SAGA DE UNOS PROVEEDORES DE CONFIANZA “Suministrar biomasa a las plantas de ACCIONA Energía nos ha permitido crecer y modernizar nuestro negocio sobre una base sólida y estable, acometiendo inversiones y mejoras. Nos impulsa a ser más eficientes y seguros en nuestro día a día, con una relación cercana y humana que nos ayuda a resolver las dificultades. Nos permite seguir viviendo en nuestro pueblo y trabajando en el campo, que es lo que nos gusta”. Esto no lo dice una persona, lo dice toda una familia de agricultores. Todo comenzó en 1999, cuando José Luis Ballarín firmó un contrato de suministro de paja con la Planta de Sangüesa (Navarra). Dos años después se sumaban sus hijos José Luis y Javier. Y hace un lustro se incorporó la tercera generación, otro José Luis Ballarín, hijo y nieto de los anteriores. El contrato no solo se ha renovado cada cinco años, además lo ampliaron en 2010 para proveer a la Planta de Briviesca (Burgos). “Es reconfortante ver en lo que se han convertido aquellas conversaciones de hace más de 25 años, cuando no existía nada. Toda una vida”.