UN PAÍS AVANZA HACIA UNA ECONOMÍA DESCARBONIZADA Y SU sobe- ranía ENERGÉTICA. Pero al mismo tiempo necesita actividad que frene la despoblación rural. Y gestionar mejor sus bosques para que no sean tan a menudo pasto de las llamas. España es ese país. Su generación eólica y fotovoltaica ya supera el 40% del mix y aprovecha ventajas como un acceso directo al sol y al viento, no hay que transportarlos. Pero la biomasa también tiene sus propias cualidades: “Puede operar casi 24/7 para aportar firmeza al mix y estabilidad al sistema eléctrico, frente a la intermitencia de otras fuentes”, explica Óscar Lumbreras, responsable de Biomasa en ACCIONA Energía. Esa contribución es mucho menor que la de sus hermanas renovables; sin embargo, su capacidad de impacto social y ambiental llama a valorarla más allá de su papel energético. Como apuntaba José Manuel Entrecanales, presidente y CEO de ACCIONA, en las recientes Jornadas sobre Grandes Incendios Forestales (Plasencia), España cuenta con una enorme riqueza arbórea en el 38% de su territorio, pero escasamente gestionada. Entre otros motivos, por el declive rural y de usos tradicionales —agricultura, pas- toreo…— que mantenían más limpios los montes. Lumbreras aporta un dato definitivo: “Si en un bosque con 10 tone- ladas métricas de combustible por hectárea, un incendio es inapaga- ble, la cantidad media en Extremadura, por ejemplo, roza las 30Tm/ ha”. La carbonización de 400.000 hectáreas el pasado verano generó emisiones equivalentes a casi el 5% de las de todo el país en 2024. “Defendemos una transición energética justa, basada en el consenso y el desarrollo local”